—Bienvenido, señor Helizondo. El señor Bastidas se encuentra ahora mismo en una reunión, pero no tarda en culminar. Por favor, tome asiento. —Lenis señaló los sillones de la sala de espera a un empresario en el ramo hotelero, quien ya había entrado a la tercera edad, llevando con orgullo sus canas.
Hombre de sonrisa afable, vestiendo de traje marrón y corbata vinotinto con un broche alargado y dorado en medio de ella y que la sostenía.
—¿Desea algo de tomar?
—Un tintico, por favor.
Lenis sonrió