Mundo de ficçãoIniciar sessãoGeorge arrimó una de las sillas altas que estaban alrededor de la encimera y se sentó, apoyando los codos encima de los azulejos de mármol. Jamás le contaría lo del beso.
—Se está bañando. Ha estado bastante afectada por lo que pasó.
—Se culpa. —No fue una pregunta.
—Así es —aceptó George—, pero es inteligente, lo superará.
Maximiliano lo miró. Conocía muy bien a George, habían sido varios los años de conocerle. Sabía que podía ser un hijo de p**a cuando se lo







