Sus ojos se encontraron con los de él. Bruno, era un hombre impresionante, con una figura imponente, alto, piel tostada, ojos severos y mirada penetrante. Era muy atractivo, el tipo de hombre que te encuentras y termina pensando en él, ya sea por su apariencia extremadamente varonil, por su mirada dura, o su postura inflexible, pero era un hombre que dejaba huellas.
—Hola Bruno, buenas tardes—dijo con voz tranquila, lo más tranquila que podía.
—¿Emely?—preguntó sorprendido.
—La misma— le sonrió