El camino de regreso a su casa fue eterno para ella, sentía que el dolor había comenzado a consumirla, que la angustia la ahogaba, quería detenerse, bajarse del taxi y gritar, gritar todo lo que pudiese hasta perder la voz, hasta desmayarse y nunca volver a despertar.
Era un dolor tan grande que difícilmente podría ser puesto en palabras, no, no podía expresarlo, solo sabía que respirar dolía, caminar dolía, vivir dolía.
En cuanto llego, agradeció de que la casa siguiese sola. Entró a su cuarto