— Afortunadamente, me previne y encargué para usted lo mismo que para la esposa de Borjad, ella también estaba a los gritos, como poseída — expresaba el mafioso con ese acento ruso que lo caracterizaba mientras se disponía a canalizar a la esposa de su jefe
— Gracias, Lenin, por pensar en mí, me estás evitando estar sufriendo de mucho dolor, cariño, ¿verdad que el mafioso ruso es todo un encanto?
— Para lo que le pago y después de haberle perdonado la vida, es lo menos que puede hacer por