ADAM.
Di una calada a un puro que me había regalado un inversor de rusia, y luego me detuve a ver a Sara desnuda en mi cama, sin poder evitar estremecerme. Llevé mis ojos al reloj que marcaban las cuatro de la mañana, pero no tenía un centímetro de ganas de dormir cuando lo que deseaba, era grabarme la forma de su cuerpo perfecto.
Eché mi cabeza hacia atrás y cerré los ojos, mi extremidad seguía reclamando su cuerpo, quería hundirme en esa piel todas las veces posibles, hasta que mis manos la m