ADAM.
—Entonces… señor… sabe que estamos a sus órdenes… —vi como la mano de ese hombre frente a mí se extendió, pero decidí levantarme y asentirle rápido.
—Mia… ¿Puedes llevar al señor a la salida? —la secretaria de mi padre asintió de forma lenta y le mostró la mano extendida con una sonrisa.
El hombre caminó rápido detrás de ella y luego bajé la mirada a la carpeta que tenía para mí.
Había esperado casi una semana para esto. El tiempo se me agotaba, porque debía partir a Inglaterra en unas se