EMMA.
Estaba terminando de colocarme un collar que me dio Noah en mi pasado cumpleaños, cuando Sofie, de 22 años, entró a mi habitación.
—Mira mamá… —ella se veía increíble, mis ojos aún podían ver su niñez, pero era toda una mujer.
Su cabello caía hasta la cintura y su esbeltez solo me robaba el aliento.
Ayer había sido el cumpleaños número 24 de Adam que sí celebramos en la intimidada de nuestra casa, pero justo hoy, viernes por la noche, sería la gran fiesta que su padre le había ayudado a