EMMA.
Horas antes…
Di dos pasos atrás cuando ella alzó su rostro. Tenía una sudadera con capucha, y además una gorra. Parecía querer ocultar su identidad, porque su vestimenta deportiva, parecía más bien la de un hombre.
Y por Dios santo, que se suponía que ella estaba en Canadá.
Tomé la puerta, había algo dentro de mí que me decía que debía hacer un escándalo, gritar o pedir ayuda, pero en un segundo ante mi intención de cerrar, Andrea puso el pie impidiéndolo, y detrás salieron tres hombres p