NOAH.
Sonreí de medio lado cuando leí el mensaje de hace al menos una hora que Emma había enviado, y puse el teléfono en mi traje pensando que ella sabía hacer sus cosas de una manera perfecta.
Faltaba muy poco para que el chofer llegara a casa, pero estaba ansioso por salir de nuevo para verla.
Era inevitable que no me pusiera duro de solo pensarlo, incluso me encantaría coger con Emma en ese mismo escritorio, donde el juez dictaminaría lo que ya sabía desde hace tiempo.
Y por supuesto, ese v