Abrí la puerta, al entrar a la habitación su expresión se transformó en sorpresa y decepción.
—Hola —Saludé con una sonrisa— . ¿Listo para ir a casa?
—No puedo creerlo —frunció el ceño con fastidio—, Vanessa y sus compromisos. Una vez más molestándote.
Estaba molesto, lo decía su expresión, pero incluso así se veía jodidamente guapo. Me acerqué y una vez más mis pensamientos me traicionaron, se suponía que lo había pensado, pero lo dije en voz alta.
—¿Tan mala es mi compañía? No te mortifiques