Su sonrisa era una promesa de dominación y los destellos en sus ojos no dejaban lugar a dudas sobre sus intenciones. Sentí un escalofrío recorrerme; excitación, deseo, me dejó sin aliento. Sus dedos rozaron mi mejilla.
:—¿Qué dices? —preguntó con voz baja y profunda inclinándose hacia mí, sus labios casi tocando los míos.
¡Acabo de tener un orgasmo! Gritó el diablito de mi hombro izquierdo. Joder eso fue tan sexy. Entonces sentí curiosidad, qué tipo de pensamientos había tenido conmigo. La int