- ¡Vamos, gatita! Alentó Vladímir, sin reírse.
Con movimientos torpes, aplaudió mientras se balanceaba de un pie a otro.
Con sus guantes de boxeo, sus shorts rojos y su sostén que resaltaba sus pechos perfectos, Vladímir se armó con toda su concentración para no derramarla sobre la alfombra para hacerle el amor. Frunció el ceño, frunció la boca, parecía un gatito inofensivo.
- Flexiona las piernas.
Dejó de saltar, se flexionó demasiado y se encontró con el trasero hacia atrás, dándole una vista