El silencio que siguió a su petición fue acompañado por la mirada reprobatoria del jeque.
Con un movimiento de la barbilla, despidió a Raoul, no sin antes darle una palmadita en el hombro.
Cuando salió del pasillo, Maisie no se movió, esperando que él abriera la discusión.
- Deberías estar en tu cama.
Eso no es exactamente lo que ella esperaba oír. Especialmente no con ese tono seco y de desaprobación.
Dio unos pasos hacia adelante, con las manos en los bolsillos, y la miró impasible.
- Hay una