Zola tomó su servilleta para ocultar la risa que estaba a punto de salir. Gary comió como un ogro bajo la mirada desconcertada de Raphael. Los espaguetis se enroscaban alrededor de su tenedor cada dos segundos. Zola miró a Raphael, y cuando sus ojos se encontraron, Zola ahogó una carcajada. Le tomó la mano, la dejó sobre la mesa y volvió su atención a Gary.
- Dime, ¿la mujer que supuestamente te secuestró no tenía nada para comer?
- ¡Púa! Exclamó de mala gana. Si la avena es comida para ti, ent