Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa mansión Garcés resplandecía aquella noche como una joya enferma, sus ventanales derramando luz dorada sobre los jardines donde doscientos invitados circulaban con la elegancia estudiada de quienes han convertido la hipocresía en arte social. Valeria llegó exactamente cinco minutos tarde —ni uno más, ni uno menos—, porque la puntualidad perfecta era la &uacu







