Ya iban llegando al hostal de los padres de Sophie, se sentía un poco tranquila, la brisa marina la relajó, ese ambiente era su paraíso. Ella miró por la ventanilla mientras subían por un serpenteante camino de piedra con frondosos árboles a ambos lados. Abrió mucho los ojos, admirada, al ver el enorme caserón con cuatro torres que se alzaba sobre la colina. Era un pequeño castillo. Debía haber una vista magnífica de la campiña desde allí arriba.
–Es un sitio precioso –comentó cuando se detuvi