Sin embargo, ser tratado con el debido respeto en el trabajo sí lo era, y aunque Theo no esperaba servilismo de los empleados del edificio que llevaba su nombre, tampoco esperaba ser reprendido por personal subalterno.
Rara vez —de hecho, nunca— había tenido que recordarle a nadie quién mandaba, pero decidió que a esa joven había que bajarle los humos.
Cuando se detuvo a pocos metros de la puerta de la oficina, Theo tenía la intención de hacerlo. Se giró y, abrochándose un botón en su chaqueta