—No —dijo ella en voz baja, sin animosidad, pero con lo que a él le pareció una profunda e infinita tristeza—. Por favor, ¿podemos ir al apartamento? No soportaría volver allí ahora.
Consideró sugerirle que se alojaran en el motel detrás del restaurante de carretera para esperar a que pasara la tormenta. Pero ella no estaba en condiciones de pasar la noche en un motel barato.
La miró fijamente. —¿Estás segura de que quieres arriesgarte a conducir por la carretera con este tiempo? —preguntó una