—Una Cédula de auto aniquilación... —murmuró Julián en un barítono tan bajo y helado que ni el crujido de la chimenea pudo amortiguarlo.
El joven apretó la mandíbula con una violencia contenida. Sus ojos de azul zafiro recorrieron la firma de su madre al pie del documento.
Comprendió en un milisegun