La venda limpia de su mano derecha se tensó contra las sábanas.
—Abuelo... estás aquí —murmuró Alaric, y una lágrima de frustración limpia escapó de sus ojos inyectados en sangre, denotando el avance definitivo de su derrumbe interno—. El grupo está a salvo, Finn inyectó el capital... pero la Torre