Al día siguiente leía un libro, se escuchaba algo de alboroto que lo molestaba.
La puerta de la habitación se abrió y una enfermera entró, ella se quedó mirándolo de forma extraña.
“¡Daniel!”. Escuchó que lo llamaba, él frunció el ceño, pero de un momento a otro la tenía encima abrazándolo. Al sentir el calor de la mujer la apartó. “¿Qué haces?”.
Observo como la chica se quitó el cubrebocas y miro su rostro, sus ojos eran de un azul muy profundo.
“Soy yo Marina”.
Él negó. “No te conozco”.