La alegria de ser esposos.
Isabella no pudo poner más resistencia, el juez les leyó los derechos y obligaciones que adquirirían al contraer matrimonio.
El primero en firmar fue Sergey, dejó plasmada su imponente firma en el acta, después le cedió la fina pluma a Isabella, ella también firmó su nombre. La embarazada estaba muy feliz, se le notaba en el brillo de su mirada, y en la amplia sonrisa.
— Ahora pasen los testigos por favor. — Pidió el juez.
— Yo firmaré como testigo de Sergey. — Adriano De Luca sin duda