El heredero Rossi ya está en el mundo.
El empresario no iba a perder más tiempo, rápidamente regreso con su mujer al área de maternidad, ya había pasado poco más de hora y media y Griselda gritaba por el intenso dolor.
— ¡Doctor, mi esposa ya no soporta el dolor, atiéndala!
— Vamos, vamos, de prisa, llevemos a la señora Rossi adentro, señor Rossi, le daré una bata para que pueda acompañar a su esposa, venga conmigo.
A Griselda la subieron a una camilla, el doctor la revisó y para sorpresa ya estaba en nueve de dilatación, la pobre pelirroja se retorcía de dolor.
— ¡Doctor, póngame esa inyección, la epidural, de prisa que ya no soporto tanto dolor! !No sé demoren más! — Pedía Griselda a gritos.
— ¿Está segura? ¿No quiere esperar a su esposo y decidirlo juntos?
— ¡¿Acaso ve que él está sufriendo los dolores de parto?! ¡Póngame la maldita inyección o juro que lo voy a asesinar yo misma con lo que sea que tenga a la mano!
— Rápido, que le apliquen una epidural a la señora Rossi. — El anestesiólogo se puso en