Añorando el pasado.
Mientras se arreglaba en su habitación, Isabella no podía dejar de pensar en las palabras del CEO ruso. Sabía que no debía pensar en él de esa forma. Pero su sola cercanía, su aroma varonil, su penetrante mirada. La desarmaban por completo muy en contra de su voluntad
— ¡No Isabella, recuerda que estás molesta con ese hombre que se llevó a los trillizos sin tu permiso! El no te puede volver a gustar. — La madre no quería dejarse llevar por sus sentimientos, ella estaba decidida a resistir