Son casi las seis de la tarde y mis nervios empiezan a dominarme ya que lo que deseo es marcharme, y no soy capaz de moverme de mi despacho.Vuelvo a sentir ese miedo que ninguna mujer debería sentir jamás, un tipo de temor que se siente como una presión en mi cuerpo doblegándome ante su poder. Empiezo a recordar el club donde nos conocimos aunque todo este tiempo ninguno de los dos lo hemos mencionado. A los pocos segundos.Duncan entró en la oficina vistiendo una camisa blanca y unos pantalone