Punto de vista de Anya
No podía hablar con él. No en ese momento. No con la culpa todavía pesada en el pecho, no cuando todavía sentía el beso de Orion en los labios. Kennedy lo notaría en mi voz —siempre parecía saber cuándo pasaba algo, cuándo escondía algo—. Y no podía arriesgarme. No podía arriesgarme a que sospechara nada.
Silencié el teléfono, lo metí más hondo en el bolso y traté de no pensar en lo que me esperaría cuando por fin tuviera que enfrentarlo.
Pronto llegó el momento de volver