—- Señor, señor, tiene una llamada urgente de su madre, —- salió al jardín una de las sirvientas gritando.
Tomas salió de la piscina y corriendo se fue para coger el teléfono, contestandola llamada muy nervioso. Al verle también me fui de la piscina, cogi la bata que deje en la hamaca y poniéndomela entre al salón para estar con mi esposo, viendo que su cara se desencajada mientras hablaban. De pronto soltó el teléfono cayendo en el sofá, como si hubiera perdido la noción de donde estaba. Me a