Mundo ficciónIniciar sesión-Isabella, sé la dueña de mi alma, de mi cuerpo y de mi corazón, sé mi soberana, mi amada, mi vida. Cásate conmigo, sé mi reina.
Isabella, quién se hallaba recostada junto a él, se sentó de golpe sobre la mullida cama y lo miró con ojos enormes que no ocultaban, ni simulaban para nada la gran sorpresa que le producía la propuesta de aquel hermoso hombre. Y es que hacía muy poco que se conocían.
¿Casarse ella con el Jeque?
¿Ha







