Tercera Persona POV
La habitación estaba en silencio, excepto por el sonido constante de los monitores. Paredes blancas, el leve olor a desinfectante y el zumbido bajo del aire acondicionado eran los únicos recordatorios de que la vida seguía moviéndose afuera. En la cama, sin embargo, Talia permanecía inmóvil, prisionera de un cuerpo que ya no podía controlar.
Sus ojos estaban abiertos, grandes y agitados, recorriendo cada detalle de la habitación. El soporte de suero a su lado, los tubos transparentes entrando en su brazo, la sonda de alimentación presionada contra sus labios y los cables adheridos a su pecho. Podía ver. Podía oír. Pero no podía hablar. Ni siquiera podía levantar un dedo sin que el dolor rasgara sus nervios.
Lo intentó de nuevo. Un pequeño esfuerzo. Ordenó a su mano que se moviera, a sus dedos que se curvaran, pero estos se negaron a obedecer. Su cuerpo la traicionaba, tendido sin vida mientras su mente gritaba por libertad.
Un sollozo quedó atrapado en su garganta,