El punto de vista de Michael
Seguí tocando y suplicando. "Por favor, cariño, ¿me dejas entrar?"
"No hasta que hagas lo que te pido", espetó desde dentro, con la ira visible goteando de su voz.
"Pero ya te lo dije-"
¡Sé un hombre por una vez, Michael! ¡Madura! ¿No puedes hacer las cosas solo? —No esperó mi respuesta—. Bueno, no entrarás hasta que hagas lo que te pido.
Fruncí el ceño con furia y golpeé la puerta con más fuerza. "¿Puedes dejarme entrar? ¡Hace un frío tremendo aquí fuera!", grité,