Lo pensó todo el día siguiente.
No con ansiedad. No de la vieja manera de dar vueltas, repasando las cosas para encontrar qué había hecho mal. Lo pensó de la manera en que ahora pensaba las cosas que importaban: con cuidado, en el fondo del trabajo del día, dejando que estuviera presente sin dejar que tomara el control.
Estuvo en reuniones desde las nueve. Tomó decisiones y leyó documentos por completo e hizo preguntas que de verdad eran preguntas. Todo ordinario. Debajo de eso, el peso de lo q