Al poderoso e imponente cabeza de familia de la mafia griega, inteligente como ninguno y valiente como pocos, se le erizaron los cabellos de la nuca, eran pocas, muy pocas las cosas que podían ponerlo así, y una de ellas era el saber en problemas a su hijo, saltó de la cama como si le hubiese caído un rayo, le echó un vistazo a su esposa asegurándose de que no se hubiese despertado y salió a hurtadillas de la habitación para hablar más abiertamente
— Pero... ¿Qué estás diciendo? Alessandro