Al día siguiente en la mansión Madrigal, los albañiles seguían reparando todo lo que él mafioso mexicano y los mafiosos griegos destruyeron, había mucho trabajo por hacer todavía
Ulises, se encontraba en el despacho, traía una jaqueca bárbara por lo mucho que había bebido la noche anterior y por la coca que se había metido, Carlos, entró observando a su jefe
— Creí que te había ido de maravilla anoche, ¿pues que fue lo que pasó para que digas tan de pésimo humor?
— Me fue pésimo anoche