Drago, se sentía muy incómodo, el solo pensar a Aithana, besando o estando interesada en otro hombre, le enfurecía, ni siquiera podía pensarlo, necesitaba salir y tomar un poco de aire, así que llamó a alguien y fue a verlo
Veinte minutos después, ya estaba llegando a la enorme mansión, su bien vestido y elegante dueño ya lo esperaba en su despacho
— Pasa, Drago, me sorprendió tu llamada, pero sea lo que sea, podemos hablarlo, ¿qué quieres tomar?
— Gracias por recibirme, Deeguel, neces