Mi primogénita, no puede fallarme.
Candace, observó a su padre con ojos enormes, pero incapaz de rebatir su palabra frente a aquellos extraños, bajo la dura mirada de su progenitor decidió guardar silencio.
Su mirada fue directamente a Noah, quién la observaba en silencio, aparentemente evaluandola de pies a cabeza, al devolver la mirada a sus ojos le regaló una amplia sonrisa, al parecer había pasado su escrutinio.
—Yo también estoy de acuerdo— aseguró Noah— necesito una buena esposa.
Cenaron en medio de planes, un compromis