Mi corazón martillea en mi pecho mientras ese golpe resuena de nuevo, más fuerte esta vez, como una maldita guillotina cayendo. La polla de Ronan sigue alojada profundamente dentro de mí, latiendo contra mis paredes en espasmo, y puedo sentir cada sacudida, cada pulso, mientras ambos contenemos el aliento. Su mano sigue estampada sobre mi boca, con sus ojos clavados en los míos... salvajes, feroces, una mezcla de pánico y ese fuego insaciable.
"Solo un segundo, decano", grita él, con voz firme