La venda había desaparecido y la luz se sentía hiriente. Me recosté sobre las sábanas empapadas, con el cuerpo pegajoso por el sudor, mi propia humedad y el residuo espeso y caliente del semen de tres hombres distintos.
Mis músculos temblaban, y el dolor sordo y profundo en mi coño y mi culo era un recordatorio constante del costo físico de esta entrevista de trabajo.
Ethan me trajo un vaso de agua, sosteniéndolo contra mis labios. Fue un extraño momento de casi amabilidad, corrompido instantán