el maestro Ortega se rio secamente: —¡Nada, en qué estás pensando! Es que has estado rodando documentales y trabajando en exposiciones, has trasnochado varias veces seguidas, así que he pensado en darte unas vacaciones. Los jóvenes también necesitan descansar, ¿no?
Aunque el maestro Ortega no dijera nada, ella podía adivinar el motivo.
Con dos sucesos seguidos, y las palabras que Bosco dijo por la mañana antes de marcharse, ¡sería una tonta si no comprendiera la situación!
Al colgar el teléfono,