La dormida Cecilia sintió el dolor y abrió ligeramente los ojos, luego frunció el ceño y retrocedió, murmurando con desdicha: —Bosco, no me toques...
Con esas palabras, la habitación se sumió en un silencio, dejando solamente el sonido de la pesada respiración de los dos.
Bosco fue capaz de contener sus emociones hace un momento, ¡en este momento estaba completamente enfurecido hasta el extremo!
Inclinándose y presionando: —no me dejas tocarlo, o solo dejas que te toque Criz... Cecilia, eres int