Cecilia, siempre pensaba que Bosco era un loco, puso los ojos en blanco mientras se marchaba.
La posesividad era algo propio de la inferioridad de los hombres: lo que le pertenecía solamente podía ser identificado como su único dueño.
Parecía que estaba celoso Bosco, pero Cecilia no lo creía.
Estaba a punto de irse, pero la detuvo con fuerza.
El hombre era demasiado fuerte, y Cecilia sintió el dolor de la muñeca.
Gritó por el dolor: —¡suéltame!
Entonces, Bosco volvió en sí, se aflojó un poco, pe