Cuanto más hablaba Diana más se enfadaba. La última noche que ella estaba en su sofá de la oficina pasando una noche.
Naturalmente, no se lo iba a poner fácil a Diego, y como en la oficina no había una sala de descanso separada, se limitó a ocupar el único sofá para tres personas, donde el hombre no tenía sitio para dormir y a trabajar toda la noche.
El hombre seguía con la misma cara tranquila, salvo por el tenue color verdoso de sus párpados, no se notó que había pasado la noche en vela. Estab