La única persona que tenía el código de su casa era Salvador.
—Flavio —la voz del hombre aún tenía un deje de claridad adolescente mientras se acercaba, sus pasos completamente inaudibles debido a sus pies descalzos y a la alfombra que los cubría—, ¿estás dormido?
Bosco se incorporó del sofá, con las piernas separadas y los codos apoyados en las rodillas, frotándose la frente con cansancio. —No, solo bebía y no tenía ganas de moverme, ¿qué te trae por aquí?
—Estaba aburrido en casa y vine a vert