La mujer del cuadro tendría probablemente unos treinta años, con una sonrisa natural, pero la ambición que gritaba bajo sus ojos hacía que no fuera fácil hablar con ella.
El dibujo de Cecilia era tan evocador que hasta las pocas pecas que tenía a ambos lados del puente de la nariz salían a relucir.
Enrique frunció el ceño, observando a la mujer del cuadro.
—Este es el aspecto que tenía hace más de diez años, ahora debería tener más de cincuenta, pero los contornos de sus rasgos no han cambiado m