La mujer le estaba vendando el extremo proximal de la pierna con una gasa, tan concentrada en la tarea que tenía entre manos que Bosco no podía verle la cara, solo veía la parte superior de su pelo oscuro y los mechones que le caían.
La herida estaba cerca de la base de la pierna, y había que verla levantándole un poco las perneras de las bragas.
Había dos cavidades, que aún supuraban sangre, estaban rojas e hinchadas.
Dijo Cecilia: —La sangre que sale es de color normal, ¿significa que la serpi