Cecilia sintió un fresco aroma a pino, era de Criz.
Se quedó paralizada un momento y se enderezó apresuradamente y se retiró de sus brazos. —Gracias, creo que acabo de tropezar con algo.
Miró hacia abajo y vio que el suelo estaba limpio, no había nada, así que ¿con qué se había tropezado?
Criz la vio mirando al suelo y preguntó: —¿Qué pasa?
Cecilia negó con la cabeza: —Nada, vámonos.
Probablemente se sentía mal.
No muy lejos en el coche, Bosco estaba sentado en el asiento del copiloto, contempla