Si era otra cosa, Bosco podía comprobarlo por sí mismo, no hacía falta que Criz se lo transmitiera. Pero no tenía forma para saber lo que pensó ella en él. Aparte de Diana, solamente lo sabía Criz.
Aprovechando su vacilación, Criz alargó directamente la mano y sacó al hombre.
En cuanto se cerró la puerta, Criz soltó la mano y se volvió hacia su habitación de al lado.
Bosco había sabido que así sería y no se enfadó, enarcando una ceja: —¿a tomar algo?
Criz no le devolvió la mirada: —Estamos en un