—¿Vas a esperarle? —Bosco mantenía una indiferencia en apariencia, pero si se escuchaba con atención, se podía captar la hostilidad en su voz.
Cecilia se apoyó en la silla que tenía detrás, con los ojos entrecerrados, como si estuviera a punto de dormirse: —sí.
Héctor la había salvado y ahora seguía encerrado en la sala de interrogatorios, cuyo resultado aún se desconocía, así que no debía marcharse.
Bosco la levantó directamente de la silla, irritado: —he contactado con Diego, estará bien, te l