Catherine apartó a Wesley con todas sus fuerzas.
Sin embargo, él estaba tan obsesionado con tener lo que quería y su agarre comenzó a lastimarla. Era como si se hubiera vuelto loco.
Al final, ella no pudo contenerse más. Tomó la lámpara de la mesita de noche y se la rompió en la cabeza.
En ese momento, Wesley miró hacia arriba y un frío helado apareció en sus cálidas pupilas.
Cuando la luz de la luna cayó sobre su rostro, Catherine no pudo evitar temblar. Tenía miedo de él…
Sí, miedo.
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