Victoria llegó hasta la barra y pidió un Mei terumi, fue atendida al instante cuando sintió unas manos acariciar su cintura, entornó los ojos cuando el olor a menta llegó asta sus fosas nasales, odiaba ese olor. Alan puso su habitual expresión graciosa cuando se sentó a su lado, la pequeña y caprichosa omega que tenía como novia estaba tomando infraganti.
—A tu padre no le gustará nada que estés tomando Victoria. —La miró coqueto, señalando su copa.
—Ojos que no ven, corazón que no siente —dijo